{"id":2701,"date":"2021-11-12T02:32:48","date_gmt":"2021-11-12T02:32:48","guid":{"rendered":"https:\/\/andreamontiel.mx\/?p=2701"},"modified":"2021-11-12T02:32:54","modified_gmt":"2021-11-12T02:32:54","slug":"mario-lavista","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/andreamontiel.mx\/?p=2701","title":{"rendered":"MARIO LAVISTA"},"content":{"rendered":"\n<h3 class=\"wp-block-heading\">En los umbrales de un renacimiento instrumental<\/h3>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image is-style-default\"><figure class=\"aligncenter size-full\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"665\" height=\"414\" src=\"https:\/\/andreamontiel.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/11\/ml.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-2702\" srcset=\"https:\/\/andreamontiel.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/11\/ml.jpg 665w, https:\/\/andreamontiel.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/11\/ml-300x187.jpg 300w, https:\/\/andreamontiel.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/11\/ml-600x374.jpg 600w\" sizes=\"(max-width: 665px) 100vw, 665px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-left\">&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; Llegar a la casa de Mario Lavista, entre los antiguos Edificios Condesa, fue como entrar en un recinto lleno de silencio, lleno de esa calidez solitaria que muchos consideramos requisito indispensable para la creaci\u00f3n art\u00edstica.&nbsp; Ah\u00ed estaba Mario, recibi\u00e9ndome con una amplia sonrisa y abrazando a &#8220;Ceniza&#8221;, un gracioso perrito que le acompa\u00f1a y habita con \u00e9l sus espacios.&nbsp; Enseguida nos dirigimos al estudio, repleto de libros, de obras musicales y discos, y sobre uno de los muros, su magn\u00edfica colecci\u00f3n de fotograf\u00edas de los grandes maestros.&nbsp; La mesa de trabajo cubierta con papeles pautados y un Petrof, su piano, donde seguramente pasa largas horas trabajando.<br><br>&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; &#8220;Hablar de la m\u00fasica es muy dif\u00edcil&#8221;, me dice, &#8220;por qu\u00e9 no mejor hacer que ella misma hable escuch\u00e1ndola&#8230;&#8221; y as\u00ed comenzamos a dialogar, escuchando su obra orquestal &#8220;Ficciones&#8221;, que desde los primeros compases hace entrar al oyente en un mundo de sonidos donde cuerdas, maderas y alientos arman precisamente una ficci\u00f3n, una filigrana que de manera continua se desliza, viaja como si fuera viento, o torbellino que levanta el polvo de la tierra y va tras algo que no sabemos qu\u00e9 es.&nbsp; Se encumbra, pregunta, protesta, se desparrama, vuelve a preguntar a las atm\u00f3sferas dolientes, se convierte en latido constante e interminable, como el de un coraz\u00f3n lleno de paisajes en medio del silencio, paisajes des\u00e9rticos, paisajes sin tiempo, caminos de soledad tal vez hacia el reinado del esp\u00edritu.&nbsp; Ya lo ha descrito \u00c1lvaro Mutis con todo acierto en su poema: &#8220;Despu\u00e9s de Escuchar la m\u00fasica de Mario Lavista&#8221; y aqu\u00ed algunos de sus versos:<br><br>&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<em>De espaldas al mundo, al polvo,<br>&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; al tibio remolino de nostalgias y sue\u00f1os<br>&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; y de ef\u00edmeras representaciones,<br>&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; esta leve f\u00e1brica se levanta<br>&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; por el solo milagro de haber vencido<br>&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; al tiempo y a sus m s rec\u00f3nditas argucias.<br>&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; Apenas escuchada, se transforma,<br>&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; cambia de lugar y nos sorprende&#8230;..<\/em>&nbsp;<br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Para Mario Lavista ser m\u00fasico es una fatalidad, pero no en el sentido negativo de la palabra, sino en su connotaci\u00f3n de inevitabilidad.&nbsp; Desde que se recuerda a s\u00ed mismo, en su casa siempre escuch\u00f3 y vivi\u00f3 en la m\u00fasica.&nbsp; Todos sus recuerdos de infancia y de adolescencia est\u00e1n relacionados con ella, por lo que nunca tuvo problemas vocacionales.&nbsp; El piano fue el instrumento que estudi\u00f3 desde ni\u00f1o y con agradecimiento infinito recuerda a su primera maestra: Adelina Ben\u00edtez, quien le ense\u00f1\u00f3 los rudimentos, las entra\u00f1as, los signos particulares y el lenguaje musicales. Con ella inici\u00f3 sus primeros pasos como ejecutante y hacedor de m\u00fasica, comunic\u00e1ndole, adem\u00e1s de sus conocimientos, un amor extraordinario hacia esta expresi\u00f3n art\u00edstica del ser humano.&nbsp; As\u00ed, el piano fue su puerta de entrada a este fascinante mundo, realizando estudios durante m\u00e1s de 8 a\u00f1os e incursionando en el infinito repertorio de obras de los grandes compositores.&nbsp; A\u00f1os m\u00e1s tarde, uno de los acontecimientos m\u00e1s importantes en su vida fue conocer al maestro Carlos Ch\u00e1vez, con quien inicia, despu\u00e9s de prepararse en los campos de la armon\u00eda, el contrapunto y el an\u00e1lisis, una educaci\u00f3n musical pero desde la \u00f3ptica de la composici\u00f3n.&nbsp;&nbsp;&nbsp; Bajo la disciplina de Ch\u00e1vez comprendi\u00f3 que el talento es imprescindible, pero no suficiente; comprendi\u00f3 que el trabajo continuo, sin descanso, sin dividir el tiempo, es lo que permite al artista contar con un bagaje t\u00e9cnico y construir un oficio; comprendi\u00f3 que s\u00f3lo as\u00ed es posible escribir m\u00fasica.&nbsp;<br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La t\u00e9cnica y el oficio para Mario Lavista son fundamentales, s\u00f3lo con ellas es posible llegar a escribir una obra sobre el papel pautado, de manera tal, que en el momento en que un int\u00e9rprete ejecute la m\u00fasica escrita, no exista casi ninguna distancia entre la concepci\u00f3n del compositor y aquello que se escucha.&nbsp; La t\u00e9cnica entonces, es la que acerca al logro de ese caso ideal donde coinciden lo que se piensa con lo que se oye.&nbsp; Pero as\u00ed como el escritor deja mucho en el tintero, el m\u00fasico tambi\u00e9n lo hace, siempre hay algo que no se logra comunicar, sin embargo, como comenta Mario, uno de los casos en donde esto no sucede y lo ha constatado, es en Mozart. En Mozart no hay ninguna lucha por la escritura, \u00e9sta corre, fluye, es continua, segura, se descifra y uno se convence que aquello que pensaba este&nbsp; compositor es lo que est\u00e1&nbsp; escrito.&nbsp; Mozart es uno de los casos en los que hay una l\u00ednea directa entre su pensamiento, la escritura y la interpretaci\u00f3n musical.&nbsp; En muchos otros compositores se ve la lucha cotidiana tratando de llegar a la mayor claridad posible, y as\u00ed como para el escritor el problema est\u00e1&nbsp; en encontrar la palabra justa, en el m\u00fasico es necesario encontrar el sonido, la armon\u00eda, el instrumento y el color justos.&nbsp;<br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; El problema del compositor, afirma Mario, comienza al imaginar sonidos con su o\u00eddo interior, una serie de sonidos con cierto ritmo y determinado color que es dado por un instrumento espec\u00edfico y todo eso hay que plasmarlo sobre un papel pautado en el que se pueden indicar adem\u00e1s, sin ambig\u00fcedad alguna, las alturas, los tiempos, la velocidad en que se desea que la m\u00fasica transcurra.&nbsp; Sin embargo, como compositor, Mario se da cuenta que hay ciertas cosas que \u00e9l escucha en sus adentros y que le son imposibles de plasmar en una partitura, indicaciones que por m\u00e1s claras que se especifiquen, siempre ser\u00e1n interpretadas de manera distinta.&nbsp;<br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Cuando Mario Lavista imagina y escribe una obra, la obra nace de su soledad y su silencio, surge de un tiempo como congelado, un tiempo que despu\u00e9s va a descongelarse a trav\u00e9s del int\u00e9rprete, ya que la m\u00fasica existe en su dimensi\u00f3n real s\u00f3lo cuando es escuchada, cuando hace presencia f\u00edsicamente a trav\u00e9s del sonido.&nbsp; De esta forma, el verdadero amo del tiempo musical es el int\u00e9rprete, no el compositor: &#8220;yo propongo una obra, la imagino, la escucho internamente con determinada velocidad, ritmo, duraci\u00f3n de cada sonido, y en cuanto la escribo, todo se congela en una plana, pero en el momento en que esos pentagramas son le\u00eddos por un int\u00e9rprete, y llevados a su dimensi\u00f3n real, todo se descongela de nuevo, la m\u00fasica entonces vive&#8221;.<br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La m\u00fasica es para Mario Lavista un enigma, un misterio que el hombre no puede revelar ni develar, s\u00f3lo habitarla, ya sea como compositor, int\u00e9rprete u oyente. Y as\u00ed como el lector se lee en algunos poetas, el m\u00fasico posee sus compositores preferidos, habitando las partituras de aquellos en los que se escucha.&nbsp; Y Mario cita a:&nbsp; Mozart, Debussy, Chopin, Monteverdi, Alban Berg, Haydn, Wagner, de todos es fiel oyente y cada vez que los escucha encuentra algo de s\u00ed en ellos.&nbsp; Y esto no implica escribir como ellos, sino aprender el oficio observando la forma en que plantean sus soluciones y giros musicales, la magia que surge cuando pasan de un color dado por los instrumentos de madera a otro de metales.&nbsp;&nbsp; Sin embargo, en el m\u00fasico existen intuiciones acerca de ciertas ideas sonoras y c\u00f3mo debe plantear aquello que escucha internamente.&nbsp;&nbsp; As\u00ed, hay obras que Lavista siente requieren ser &#8220;vestidas&#8221; con colores y texturas diferentes, y entonces es&nbsp; necesario orquestarlas, porque s\u00f3lo la orquesta le permite esa posibilidad.&nbsp; En cambio hay otras en donde intuye que con un solo instrumento es suficiente, donde no se requiere de nada m\u00e1s, sino de una l\u00ednea pura donde puede decirlo todo.&nbsp;<br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Para Mario Lavista la inspiraci\u00f3n existe a trav\u00e9s de todo lo que lee, mira, escucha, vive o siente, todo es material para su obra.&nbsp; En \u00e9l no hay decisiones pensadas de antemano, ni racionalidades fr\u00edas para comenzar a imaginar su m\u00fasica.&nbsp; No, la musa Euterpe visita su estudio cada vez que \u00e9l trabaja. Aunque no siempre fue as\u00ed. Hace muchos a\u00f1os, aproximadamente en los sesentas, Lavista pretendi\u00f3 colocarse al lado de una vanguardia musical que descre\u00eda de la consumaci\u00f3n de la obra y afirmaba que el concepto o la idea que la generaba era m\u00e1s importante que su realidad sonora.&nbsp; Y as\u00ed fue como en aquellos a\u00f1os comenz\u00f3 a crear una m\u00fasica totalmente intelectualizada, racional, fr\u00eda.&nbsp; Pensaba que al mundo s\u00f3lo se le pod\u00eda conocer a trav\u00e9s del intelecto, lo cual es un error, ya que ahora se da cuenta de que puede conoc\u00e9rsele a trav\u00e9s del sue\u00f1o y de todo sentimiento capaz de habitar en el ser humano.&nbsp; Como Mario afirma:&nbsp; &#8220;mi error consisti\u00f3 en pensar que lo importante era inventar el descubrimiento en lugar de redescubrir la invenci\u00f3n, o desear ser original a toda costa y no deberle nada a nadie&#8221;. La vanguardia en las artes negaba ese tiempo lineal en el artista, y pretend\u00eda que entre obra y obra, se ten\u00eda que ser completamente original, no s\u00f3lo con respecto a los dem\u00e1s, sino con uno mismo.&nbsp; As\u00ed, entre creaci\u00f3n y creaci\u00f3n hab\u00eda que olvidarlo todo y plantear formas completamente nuevas.&nbsp; Fue de esta manera, al analizar los equ\u00edvocos de este pensamiento, como concluy\u00f3 que lo importante no es el olvido, sino recordar, recobrar la memoria y saberse deudor de los m\u00fasicos del pasado.&nbsp;<br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Importante fue para Mario Lavista haber vivido el movimiento musical europeo durante tres a\u00f1os que radic\u00f3 en Par\u00eds donde estudi\u00f3 con Jean Etienne-Marie en la Schola Cantorum.&nbsp; Posteriormente otra temporada en Alemania donde recibi\u00f3 las ense\u00f1anzas de Henri Pousseur y de Stockhausen, todos, estudios orientados hacia la m\u00fasica de nuestro tiempo. Adem\u00e1s en sinn\u00famero de ocasiones pudo asistir a estrenos de compositores como: Luciano Berio, Ligeti, Lutoslavsky, de quienes considera ser\u00e1n los cl\u00e1sicos del pr\u00f3ximo siglo.&nbsp; As\u00ed, al estar inmerso en toda la m\u00fasica del momento y darse cuenta de la inmensa pluralidad que existe en el arte, su lenguaje musical sufri\u00f3 una transformaci\u00f3n rotunda:&nbsp;&nbsp; &#8220;vivimos dentro de la modernidad, una de cuyas caracter\u00edsticas, a partir de Wagner y de Debussy, es la variedad de rostros que la m\u00fasica posee.&nbsp; Cada compositor sigue su propio camino y ya no existe como en \u00e9pocas pasadas, un solo lenguaje que unifique a los compositores&#8221;.&nbsp;<br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; As\u00ed pens\u00f3 de nuevo en Mozart, en el siglo XVIII, en Chopin, en el XIX o antes, en Floberger durante el siglo XVII, todos compon\u00edan dentro del sistema de la tonalidad, todos eran m\u00fasicos tonales, pero ahora, en el siglo XX, esa certidumbre del lenguaje ya no existe, ahora cada m\u00fasico tiene su propia sintaxis.&nbsp; Y Mario Lavista no escapa a estas nuevas tendencias, al contrario, es un m\u00fasico interesado por la investigaci\u00f3n de nuevas formas y de nuevas t\u00e9cnicas. Lo demuestran sus obras, entre las cuales se pueden citar: &#8220;Marcias&#8221;, para oboe y copas de cristal, basada en la leyenda del s\u00e1tiro frigio Marcias al servicio de Pr\u00edapo, quien caminando un d\u00eda por los bosques encuentra un instrumento, el aul\u00f3s griego inventado por Palas Atenea, diosa del amor, el cual es considerado como el antecedente del oboe.&nbsp; Al dominar completamente su ejecuci\u00f3n, como relata Cernuda, &#8220;Marcias alent\u00f3, suspir\u00f3 una y otra vez a trav\u00e9s de las ca\u00f1as enlazadas obteniendo sones m\u00e1s y m\u00e1s dulces y misteriosos, que eran como la voz secreta de su coraz\u00f3n&#8221;.&nbsp; As\u00ed, Mario Lavista con las notas de esta obra, tambi\u00e9n nos relata los \u00edntimos secretos de su coraz\u00f3n, nos remite irremediablemente a un paisaje de lejan\u00edas y horizontes donde podr\u00eda habitar el infinito, y entre su dialogar de oboe y copas, est\u00e1&nbsp; una melod\u00eda que camina, con su cuerpo de sonidos, de perfiles curvil\u00edneos y sensuales que al vivir en medio de cristales armoniosos, logran lanzarnos a un viaje como en una especie de recorrido hipn\u00f3tico, o de meditaci\u00f3n m\u00e1ntrica, siempre en vuelo, hasta sentir el tenue deslizamiento del alma que al fin se despoja de su materia. Si esta m\u00fasica de Lavista pudiera equipararse con los elementos de la naturaleza, me atrever\u00eda a decir que fundamentalmente est\u00e1&nbsp; hecha de aire, tal vez en algunos momentos de agua, de finas corrientes siempre preguntando, buscando, escudri\u00f1ando el acontecer de lo invisible.&nbsp;<br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La innovaci\u00f3n fundamental en las obras de Mario Lavista est\u00e1&nbsp; en tratar a los instrumentos de madera originalmente monof\u00f3nicos como si fueran polif\u00f3nicos, es decir, capaces de emitir dos o m\u00e1s sonidos simult\u00e1neamente.&nbsp; De acuerdo a los resultados de sus investigaciones y estudios, opina: &#8220;este hecho en apariencia tan simple, obliga a reconsiderar la definici\u00f3n cl\u00e1sica de los instrumentos de aliento, que con la aplicaci\u00f3n de las nuevas t\u00e9cnicas, comprueban su absoluta posibilidad polif\u00f3nica. Adem\u00e1s, es posible obtener cuartos y octavos de tono, es decir, sonidos que est\u00e1n entre uno y otro de la escala tonal y as\u00ed se incursiona en la regi\u00f3n no temperada de la m\u00fasica, rompiendo con el temperamento occidental, que a partir de Bach, es el que ha regido b\u00e1sicamente este arte&#8221;.&nbsp;<br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mario Lavista piensa que en un futuro no muy lejano, tal vez en el pr\u00f3ximo siglo, cuando los instrumentistas dominen estas t\u00e9cnicas, se ver\u00e1 el surgimiento de una nueva orquesta. Aunque en la actualidad los compositores trabajen con una orquesta heredada del siglo XIX, pronto vendr\u00e1&nbsp; una nueva disposici\u00f3n de los instrumentos y se obtendr\u00e1n fascinantes universos orquestales jam\u00e1s imaginados, donde cada flauta, cada oboe, clarinete o fagot, produzcan sonidos nuevos, distintos a los escuchados hasta ahora.&nbsp;&nbsp; Trabajar con estas nuevas t\u00e9cnicas implica el contacto directo con los instrumentistas, no tan solo la creaci\u00f3n en la soledad de su estudio, sino en colaboraci\u00f3n con quienes ser\u00e1n los ejecutantes de las obras, ya que el instrumentista es quien domina su instrumento, y por ello, entonces, es necesario entablar un di\u00e1logo durante el proceso mismo de la composici\u00f3n.&nbsp;<br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En este dialogar, el instrumentista hace descubrir al compositor sonidos que desconoc\u00eda, o bien, el compositor imagina aquellos que el instrumentista no hab\u00eda experimentado en su instrumento. De esta forma, adem\u00e1s de la estrecha relaci\u00f3n compositor-ejecutante, se logra una relaci\u00f3n m\u00e1s \u00edntima, afectiva y amorosa entre el instrumentista y su instrumento, acerc\u00e1ndose uno y otro hasta confundirse y hacerse uno.&nbsp;&nbsp;&nbsp; As\u00ed, bajo esta perspectiva, Mario Lavista cuando imagina una obra, la piensa para determinado instrumentista, incluso la escribe pensando f\u00edsicamente en \u00e9l, para \u00e9l, traduciendo sus gestos, su manera de tocar, tratando de que no exista contradicci\u00f3n alguna entre lo que se oye y lo que se ve, es decir, ninguna distancia entre el gesto musical y la obra misma.&nbsp; Estas nuevas t\u00e9cnicas anuncian lo que Mario Lavista ha llamado un &#8220;renacimiento instrumental&#8221;, del que siente en este momento estar en el umbral de su surgimiento.&nbsp;<br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y el rostro de Mario se ilumina cuando prosigue su descripci\u00f3n de c\u00f3mo es maravilloso trabajar con un clarinete tradicional, el mismo con que Brahms escribi\u00f3 su quinteto, descubriendo en \u00e9l las m\u00faltiples voces internas que ofrece, sonidos que la tradici\u00f3n hab\u00eda desechado y que hoy en d\u00eda, sin ir en contra de la propia naturaleza del instrumento, son sonidos maravillosos.&nbsp;&nbsp; El trabajo est\u00e1&nbsp; en imaginar, en explorar otras posibilidades, en dar paso a lo latente y observar la inmensa capacidad que poseen los instrumentos tradicionales para adaptarse a una gram\u00e1tica y a una sintaxis diferentes. En los a\u00f1os cincuenta, cuando comenz\u00f3 la m\u00fasica electr\u00f3nica, la m\u00fasica concreta, y aquella de cinta generada con sintetizadores, se pens\u00f3 que iba a desplazar a la m\u00fasica instrumental y anunciar as\u00ed el final de ella, pero no, todo lo contrario, ahora hay dos m\u00fasicas que conviven sin rechazarse entre s\u00ed, incluso entre muchos compositores son complementarias, s\u00f3lo que una utiliza los novedosos medios del siglo XX y la otra instrumentos antiqu\u00edsimos. Adem\u00e1s, en la m\u00fasica para cinta magn\u00e9tica con sonidos del sintetizador, se est\u00e1 eliminando al int\u00e9rprete, ya que en este caso no existe la interpretaci\u00f3n, sino que es el compositor quien asume el doble papel de creador y ejecutante, y la versi\u00f3n que se ofrece es la \u00fanica, no puede haber otra.&nbsp;&nbsp; En cambio, en la m\u00fasica instrumental se escribe a trav\u00e9s de una serie de c\u00f3digos del lenguaje musical que despu\u00e9s van a ser descifrados por uno o varios instrumentistas, lo cual da como resultado, que la m\u00fasica tenga lecturas diversas, interpretaciones distintas.&nbsp; Afortunadamente la lectura de la m\u00fasica no es mec\u00e1nica, hay que descubrir en ella lo que est\u00e1&nbsp; atr\u00e1s de las notas, aquello que escribi\u00f3 el compositor y que est\u00e1&nbsp; m\u00e1s all\u00e1 de lo sonidos.&nbsp;<br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Todo esto vibra y vive en las obras de Mario Lavista, en sus piezas para piano, como en &#8220;Simurg&#8221;, que inicia con un ep\u00edgrafe de Ezra Pound: &#8220;&#8230;no de un p\u00e1jaro, sino de muchos&#8221;, donde las notas surgen irrumpiendo el silencio y al mismo tiempo lo dejan vivir entre ellas; donde la queja es constante, lenta como si los sonidos dolorosamente caminaran sobre las sendas del no tiempo; donde los acordes siempre est\u00e1n preguntando, explorando, emprendiendo el vuelo hacia \u00bfd\u00f3nde?&#8230; s\u00f3lo podr\u00eda haberlo respondido Borges con un texto contenido al final de la partitura de Lavista: &#8220;El remoto rey de los p\u00e1jaros, el Simurg, deja caer en el centro de la China una pluma espl\u00e9ndida; los p\u00e1jaros resuelven buscarlo, hartos de su antigua anarqu\u00eda.&nbsp; Saben que el nombre de su rey quiere decir treinta p\u00e1jaros; saben que su alc\u00e1zar est\u00e1&nbsp; en el Kaf, la monta\u00f1a circular que rodea la tierra. Acometen la casi infinita aventura; superan siete valles, o mares; el nombre del pen\u00faltimo es V\u00e9rtigo; el ultimo se llama Aniquilaci\u00f3n.&nbsp; Muchos peregrinos desertan; otros perecen. Treinta, purificados por los trabajos, pisan la monta\u00f1a del Simurg.&nbsp; Lo contemplan al fin: perciben que ellos son el Simurg y que el Simurg es cada uno de ellos y todos&#8221;.&nbsp;<br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp; Est\u00e1 el Tr\u00edptico, con sus maravillosas piezas para flauta sola: &#8220;Canto del Alba&#8221;, &#8220;Nocturno&#8221; y &#8220;Lamento&#8221;, esta \u00faltima en memoria del compositor mexicano Ra\u00fal Lavista. A cada partitura la acompa\u00f1a con ep\u00edgrafes de poetas chinos entre los cuales destaca el de Li Po: &#8220;No me atrevo a elevarla voz en este silencio\/porque temo turbar a los moradores del cielo.&#8221; Y Mario Lavista toma esta idea, tambi\u00e9n presente dentro de la tradici\u00f3n japonesa, donde la flauta es el \u00fanico instrumento que los muertos pueden escuchar, y nos brinda con estas piezas, la exquisitez y la delicadeza de una m\u00fasica que transpira soledad, esa soledad en af\u00e1n de penetrarnos, construyendo con su propio templo de sonidos la calma, la serenidad, el sosiego.&nbsp;<br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Adem\u00e1s de m\u00fasico y compositor, Mario Lavista ama la docencia, toda su vida ha dado clases y seguir\u00e1 haci\u00e9ndolo, le gusta estar cerca de los j\u00f3venes estudiantes no s\u00f3lo imparti\u00e9ndoles conocimientos t\u00e9cnicos, sino comunic\u00e1ndoles el infinito amor que siente hacia la m\u00fasica.&nbsp; Ense\u00f1arles a amar profundamente el arte y a entender que se es m\u00fasico, no por decisi\u00f3n racional, sino por necesidad.&nbsp;&nbsp; Entre sus planes futuros est\u00e1&nbsp; la terminaci\u00f3n de su primera \u00f3pera basada en el libro &#8220;Aura&#8221; de Carlos Fuentes y con libreto de Juan Tovar, en donde por vez primera experimenta el trabajo de formas de larga duraci\u00f3n y en donde lo que cuenta es el logro de una l\u00ednea continuada, de un fraseo musical constante donde se eviten los falsos finales y las ca\u00eddas de la partitura.&nbsp;<br><br><br>Mario tambi\u00e9n ama la pintura y la literatura y tiene algunas aficiones como el billar, el domin\u00f3 y el base ball. Le gusta el juego por el juego mismo, as\u00ed&nbsp; como juega con la m\u00fasica, a la que define como: &#8220;esa sustancia hecha de sonidos que traen consigo una verdad que no puede ser dicha y s\u00f3lo puede ser escuchada&#8221;. De esta manera, cada obra de Mario Lavista es la p\u00e1gina de un diario \u00edntimo en el que \u00e9l relata con sonidos su historia, su devenir y vuelve entonces innecesaria a la palabra.&nbsp; As\u00ed en su diario de sonidos est\u00e1n las resonancias de su existencia, diario nacido de la soledad y del silencio y destinado al mundo, ya que una obra musical debe constituir una especie de organismo cuya forma debe llegar a un oyente y con \u00e9l conformar una complicidad que para el m\u00fasico es imprescindible. La obra acabada para Mario Lavista no es aquella que \u00e9l termina de componer, sino aquella que se redondea pasando por las manos del int\u00e9rprete y de ah\u00ed a los o\u00eddos del escucha.&nbsp; Es la que cumple con tres estadios: la creaci\u00f3n-interpretaci\u00f3n-audici\u00f3n, o bien es el producto de tres n\u00facleos: compositor-int\u00e9rprete-oyente.&nbsp;<br><br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mucho m\u00e1s podr\u00eda decirse de las ideas, inquietudes y obra de Mario Lavista.&nbsp; Por el momento s\u00f3lo resta a\u00f1adir a sus pentagramas estas palabras: Lavista es un m\u00fasico que alarga el tiempo, ampl\u00eda los espacios, agranda las sombras y profundiza la luz.&nbsp; Es un m\u00fasico narrador de lo indecible pues con sus sonidos siempre est\u00e1 bordando una historia.&nbsp; Un m\u00fasico paisajista de lo invisible pues con sus notas constantemente dibuja, dibuja, dibuja.&nbsp; Si la eternidad pudiera ser al menos esbozada, Mario Lavista ya lo ha hecho con su m\u00fasica.<br><br><br><br><strong>&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp; Texto de Andrea Montiel<br>&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; publicado en la Revista La Plaza&nbsp; abril 1988<br>&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; Mart\u00edn Casillas. Cr\u00f3nicas de la vida cultural.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-left\"><strong><br>&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A\u00f1o III, 32<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0 \u00a0\u00a0 Llegar a la casa de Mario Lavista, entre los antiguos Edificios Condesa, fue como entrar en un recinto lleno de silencio, lleno de esa calidez solitaria que muchos consideramos requisito indispensable para la creaci\u00f3n art\u00edstica.\u00a0<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":2702,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[20],"tags":[55,46],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/andreamontiel.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2701"}],"collection":[{"href":"https:\/\/andreamontiel.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/andreamontiel.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/andreamontiel.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/andreamontiel.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=2701"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/andreamontiel.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2701\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":2703,"href":"https:\/\/andreamontiel.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2701\/revisions\/2703"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/andreamontiel.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/2702"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/andreamontiel.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=2701"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/andreamontiel.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=2701"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/andreamontiel.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=2701"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}