{"id":611,"date":"2021-04-30T18:10:27","date_gmt":"2021-04-30T18:10:27","guid":{"rendered":"http:\/\/andreamontiel.mx\/?p=611"},"modified":"2021-11-11T17:54:35","modified_gmt":"2021-11-11T17:54:35","slug":"el-naufragio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/andreamontiel.mx\/?p=611","title":{"rendered":"EL NAUFRAGIO"},"content":{"rendered":"\n<div class=\"wp-block-group\"><div class=\"wp-block-group__inner-container is-layout-flow wp-block-group-is-layout-flow\">\n<div class=\"wp-block-group has-background\" style=\"background-color:#e4e1dc\"><div class=\"wp-block-group__inner-container is-layout-flow wp-block-group-is-layout-flow\">\n<p>PR\u00d3LOGO<\/p>\n\n\n\n<p>En infinidad de ocasiones he expresado que un libro, como los toreros, no requiere m\u00e1s que de la soledad de la creaci\u00f3n, o del ruedo, por lo tanto, las palabras previas son prescindibles; sin embargo, en este caso, hay factores que determinan el gusto al escribir estas l\u00edneas, ya que es el pre\u00e1mbulo para que los lectores penetren en territorios construidos por la imaginer\u00eda a trav\u00e9s de la palabra trabajada semana a semana, durante meses.<\/p>\n\n\n\n<p>En este volumen est\u00e1n reunidos los trabajos de una veintena de escritores. Una veintena de compa\u00f1eros que provienen y se desenvuelven en sitios diferentes, cuyas edades son tambi\u00e9n diversas, cuyas formas de atrapar la vida no siempre coinciden,<br>sin embargo, hay un lazo com\u00fan entre todos: el profundo amor por el oficio de escritor.<\/p>\n\n\n\n<p>Ese oficio que -como dec\u00eda C\u00e9sar Pavese- fatiga, a veces desanima, en ocasiones aterra antes de enfrentarse a lo vac\u00edo de la cuartilla; pese a ello, pese a esos l\u00f3gicos temores de cualquier escritor, los autores de este libro echan fuera los des\u00e1nimos, desperdigan la rabia para enfrentarse, semana a semana, a esa amorosa angustia que significa poner su texto en medio de la cr\u00edtica y del debate.<\/p>\n\n\n\n<p>Cada uno de los cuentos que contiene este volumen fue conformado a tenor de las propias circunstancias del autor, acorde a sus deseos y maneras de ver la literatura, su literatura, no la del director del taller, ni la del gusto de tal o cual persona; nada de eso, el cuento fue cincelado a martillo de propia personalidad, y rehecho, quiz\u00e1, a golpe de viento y voz, a perfil de la manera individual de cada miembro del taller.<\/p>\n\n\n\n<p>Cierto es que los talleres literarios no hacen escritores, cuando \u00e9stos son, lo son sin que taller alguno lo determine; a la larga, los demonios arrebatan cualquier otra raz\u00f3n, sin embargo, hay elementos que pueden servir si muchas piezas se acomodan en el tr\u00e1nsito del escritor que busca su camino, entre ellos, la persecuci\u00f3n del oficio y, por ende, de la malicia que todo autor debe de tener para contar la misma historia -que es en s\u00ed el juego de la literatura- s\u00f3lo que de una manera diferente a las ya contadas.<\/p>\n\n\n\n<p>MALICIA EN EL TALLER DE LAS MARAVILLAS. Tal es el t\u00edtulo de esta antolog\u00eda, y quiz\u00e1 se llame as\u00ed porque se crea que es necesaria la malicia para observar c\u00f3mo las palabras se juntan, se forman, se entremezclan para damos por resultado -como dec\u00eda Jos\u00e9 Donoso- la otra verdad, la del enga\u00f1o. Ir construyendo la red que conduzca a sus lectores a los panales de una colmena, a los reinos de las ciudades perdidas, a los oscuros terrenos del suicidio, a los recuerdos o a los blancos vel\u00e1menes de las s\u00e1banas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Un taller literario es eso y m\u00e1s, como m\u00e1s, seguro, dar\u00e1n que decir algunos de los miembros de este taller de los martes, de marte-guerra, de Marte planeta rojo, de martes lluvioso o desangelado, de martes en que los lugares en el espacio de la Casa de la Cultura se han agotado y los compa\u00f1eros tienen que sentarse donde pueden, cuando la luz se ha ido, cuando los gritos de los paseantes revuelven la cabeza, cuando la lectura se hace profunda, cuando surgen los peque\u00f1os recelos vanidosos, cuando estamos todos ah\u00ed con las horas que se hacen nada y las ganas de ellos, de \u00e9stos, de los compa\u00f1eros de la malicia, que hoy entregan este libro en busca de su lector, que puede ser usted, o para usted, y para ti tambi\u00e9n, en la espera de que esta veintena de escritores pronto abandonen los talleres literarios y se encuentren -por fin- en la calle, solos, cada uno portando el filo de su narrativa, con alg\u00fan capote para lancear a las astas de agredir al cielo, con algunas armas para pelearle a los ensue\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><br><br><strong>Rafael Ram\u00edrez Heredia\u00a0<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\">Coyoac\u00e1n, D.F.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\">verano 1994<\/p>\n<\/div><\/div>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">El cuento siguiente fue publicado por Andrea Montiel en la Antolog\u00eda del Grupo de Narrativa<br>de Rafael Ram\u00edrez Heredia MALICIA EN EL TALLER DE LAS MARAVILLAS,<br>Delegaci\u00f3n Coyoac\u00e1n, Casa de Cultura Jes\u00fas Reyes Heroles,<br>septiembre 1994<\/p>\n<\/div><\/div>\n\n\n\n<div style=\"height:20px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<h2 class=\"has-text-align-center has-background wp-block-heading\" style=\"background-color:#ddd2ba\"><strong>EL NAUFRAGIO<\/strong><\/h2>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-group has-cyan-bluish-gray-background-color has-background\"><div class=\"wp-block-group__inner-container is-layout-flow wp-block-group-is-layout-flow\">\n<p class=\"has-text-align-right\">S\u00ed mar, gran mar de delirios dotado<br>piel de pantera y cl\u00e1mide horadada<br>por millares de im\u00e1genes de sol,<br>ebria en tu carne azul, hidra absoluta<br>que te muerdes la cola refulgente<br>en un tumulto an\u00e1logo al silencio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\">PAUL VAL\u00c9RY<br>(El Cementerio Marino)<\/p>\n<\/div><\/div>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-group has-background\" style=\"background-color:#ddd2ba\"><div class=\"wp-block-group__inner-container is-layout-flow wp-block-group-is-layout-flow\">\n<p>El lienzo ten\u00eda m\u00e1s de una semana sobre el caballete, desde que Ru\u00edz le encarg\u00f3 el retrato de Mar\u00eda.\u00a0 Pintarla significaba un reto pues no hubo fotograf\u00eda alguna, recorte period\u00edstico o imagen de ella.\u00a0 Su cuerpo se hundi\u00f3 junto con todas las pertenencias en aquel dram\u00e1tico naufragio donde s\u00f3lo Ru\u00edz qued\u00f3 con vida. Este hombre, despojado de todo lo suyo, deseaba recuperar a Mar\u00eda de alguna forma y en aquel sitio perdido del golfo supo de Oscar, <em>el pintor de las manotas<\/em>, como lo llamaban los porte\u00f1os. Acudi\u00f3 a verlo. Le pidi\u00f3 que la pintara. La describi\u00f3 detalle por detalle como si con cada una de sus palabras dibujara una l\u00ednea, una sombra o una textura de esa mujer que tanto amaba. Oscar escuch\u00f3 con atenci\u00f3n y gran curiosidad a Ru\u00edz, la imagin\u00f3\u00a0 de acuerdo a las descripciones, a veces minuciosas, otras, confusas.\u00a0 Sin embargo, dud\u00f3 si ese retrato hablado tendr\u00eda la suficiente elocuencia como para plasmarla en una pintura.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; C\u00f3mo iniciar aquellos trazos: cu\u00e1l rasgo de su cara, de su pecho o de sus muslos; cu\u00e1les las dimensiones de sus caderas o el tama\u00f1o de sus ojos.&nbsp; Sab\u00eda que su cabello era largo y negro, como el negro profundo de aquel mar que la devor\u00f3 sin devolverla nunca a la superficie. Los ojos, tambi\u00e9n negros, y el rostro, anguloso. Su cuerpo esbelto pero exuberante en carnes, manos finas, pies delgados y peque\u00f1os, en fin, cada rasgo pod\u00eda ser imaginado independiente del otro, pero nunca en conjunto.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pasaron varios d\u00edas, Oscar miraba la tela largos ratos, y con su inmensa y pesada altura se paseaba de un lado a otro del estudio.&nbsp; Con los brazos cruzados y la mirada perdida parec\u00eda indagar en su interior como si dentro de \u00e9l fuera a hallar los trazos perfectos del retrato que le hab\u00edan encargado. Su estudio, que ha presenciado tantos rostros, tantos cuerpos de mujer posando desnudos o todos esos caracoles y conchas encontrados en la playa y que han sido recreados por sus pinceles, es en este momento un espacio que encarcela sus ideas.&nbsp; Nada fluye, nada se le ocurre.&nbsp; A veces, se sienta sobre el mullido sill\u00f3n de sus lecturas y mira las vigas del techo como si \u00e9stas pudieran darle la soluci\u00f3n a sus manos, sus grandes manos manchadas de verdes y ocres, manos agrietadas por el <em>thinner<\/em> y los trabajos de carpinter\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Despu\u00e9s de un insomnio que dur\u00f3 la noche entera, Oscar ve salir el sol tras el horizonte.&nbsp; Se viste con ropa muy ligera para soportar un calor inusual en esos d\u00edas, se dirige a la cocina, toma la botella de mezcal y se bebe una tercera parte.&nbsp; Supone que con un buen trago de alcohol en la sangre algo se le ocurrir\u00e1.&nbsp; El mareo es agradable, siente su cuerpo levemente excitado y decide que es el momento para empezar.&nbsp; Toma la paleta, coloca sobre ella \u00f3leos de distintos colores, acomoda los pinceles y clava su mirada sobre la tela.&nbsp; Su frente comienza a transpirar.&nbsp; Gotas de abundante sudor resbalan por su cara, caen en sus ojos, las limpia con la manga de su camisa blanca, se pasa las manos restreg\u00e1ndose el rostro, peina con ellas su cabello, y ansiosamente se golpea los muslos con los pu\u00f1os en actitud desesperada.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Parece recordar algo:&nbsp; es Laura, aquella novia de los a\u00f1os adolescentes con quien experimenta sus primeras caricias, la de la cabellera inmensamente negra que se enreda a su cuello como una medusa cada vez que se besan.&nbsp; Y sus ojos tambi\u00e9n negros, ojos que se internan en \u00e9l, que lo traspasan hasta encender su piel como el despiadado sol de mediod\u00eda.&nbsp;&nbsp; Oscar apresura el pincel sobre la tela, los primeros trazos negros, una cabellera desquiciada y abundante y una mirada fija, profunda, hueca como para abismarse en ella.&nbsp;&nbsp; Por fin ha manchado la tela.&nbsp; Junto a ese alargado cuello que tanto lo aturdi\u00f3 en aquellos a\u00f1os necesita completar el rostro.&nbsp; Bebe m\u00e1s tragos de mezcal, acude de nuevo a su memoria que ahora es invadida por la boca carnosa de Julieta, por la nariz de Julieta y su aroma a rosas amarillas.&nbsp; Esa boca que viaja por su torso, por sus brazos y su ombligo.&nbsp; Esa boca que tanta saliva regala hasta hacer un oc\u00e9ano de placer con un olor de sal y peces, boca que sangra de tanto beso.&nbsp; Boca roja sobre el lienzo es lo que aparece ahora, es la boca de Mar\u00eda y, tal vez, el aroma de Mar\u00eda, el perfil y los orificios nasales de Mar\u00eda.&nbsp; Nariz, boca y cuello que necesitan hombros, pechos, vientre, cuerpo que requiere nacer.&nbsp; Oscar tiembla.&nbsp; Bebe m\u00e1s alcohol.&nbsp; Con el pincel a\u00fan manchado de la boca roja de Mar\u00eda, cambia a otro de mayor grosor.&nbsp; Mezcla los colores hasta lograr el de la carne, de esa carne joven de Martha, s\u00ed la de los senos redondos, la de hombros y brazos delgados que lo abrazan con una fuerza que no sabe de d\u00f3nde proviene y que se confunde con la negra cabellera de Laura, porque los hombros de Martha se cubren de este cabello nocturno de Laura y los senos de pezones erectos parece que la hacen sonre\u00edr, s\u00ed la boca roja de Julieta, ahora de Mar\u00eda, sonr\u00ede porque sus senos vivos est\u00e1n como flores abiertas, flores que Oscar siempre puso en las manos de Ana, manos perfectas, dedos largos y afilados, manos que tantas caricias le prodigaron a su cuerpo, manos que se perdieron en su pelo, y lo incitaron a poseerla, poseer su vientre tibio, su sexo h\u00famedo siempre dispuesto como una casa con las puertas abiertas.&nbsp; El trazo es amplio, la pincelada espesa, las manos, el vientre y el sexo de Ana ahora tienen que pertenecerle a Mar\u00eda.&nbsp; Mar\u00eda es, desde este momento, el nombre que contiene en sus letras el deseo de posesi\u00f3n, de ese calor intenso que s\u00f3lo puede apagarse con el profundo abrazo de los sexos, con el abrazo de aquellos muslos que aprietan las espaldas de Oscar hasta impedirle el movimiento.&nbsp; Son los muslos frondosos de Irania, extra\u00f1a mujer que con su cuerpo engendrar\u00eda al hijo que Oscar tanto ama.&nbsp; Pero es el vientre de Mar\u00eda el que ahora se hincha, el que posee una vida adentro.&nbsp; La mirada se ilumina, la sonrisa aumenta, el cuerpo vibra.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Oscar se aleja del cuadro, vuelve a acercarse, corrige algunos trazos, empasta detalles colocando el \u00f3leo directo de los tubos, con sus dedos lo esparce, sobre el cabello, la boca, el pubis.\u00a0 Los pies parecen indicarle que el cuadro est\u00e1 terminado.\u00a0\u00a0 No, algo falta, ese \u00faltimo toque de vida para animar por completo a Mar\u00eda, esa \u00faltima pincelada que debe convencerlo de que su obra ha concluido.\u00a0\u00a0 \u00bfCu\u00e1l es el trazo?\u00a0 Por m\u00e1s que observa no puede descubrirlo.\u00a0 Se llena de rabia y bebe, bebe m\u00e1s hasta acabarse el licor.\u00a0 Se dirige a la cocina, toma otra botella y sigue bebiendo hasta que la ebriedad lo rinde.\u00a0\u00a0 Ahora duerme, duerme muchas horas.\u00a0 Es de noche, es de d\u00eda, de nuevo noche, la pintura del cuadro est\u00e1 casi seca, pero algo falta en ese retrato. Oscar despierta, mira lo que ha pintado, desclava el lienzo del bastidor, lo enrolla, lo abraza como abrazar\u00eda un cuerpo de mujer a punto de amarla.\u00a0 Sale del estudio.\u00a0 Cruza la calle y camina por el solitario malec\u00f3n durante varias horas.\u00a0\u00a0 Llega a la playa m\u00e1s pr\u00f3xima.\u00a0 Ah\u00ed s\u00f3lo existe la luna y su luz quebr\u00e1ndose sobre las aguas del mar y la arena.\u00a0\u00a0 Se sienta, abraza el lienzo cada vez con m\u00e1s fuerza.\u00a0 Descalza sus pies y siente la tibieza del sol atrapada en la arena.\u00a0\u00a0 Sus grandes manos juegan con ella dej\u00e1ndola caer sobre su torso, que tambi\u00e9n despoja de las ropas.\u00a0 Esa arena es como la piel del cuerpo, suave como el polvo, vol\u00e1til como una presencia ef\u00edmera, con sus manos le da forma y de sus manos se escapa. \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <br>            <br>             Oscar se desnuda por completo y, cubriendo su cuerpo con la pintura, camina hacia el mar, el agua acaricia sus pies, las olas borran sus huellas, lo cubren hasta las rodillas, se interna en el agua sin soltar la tela.\u00a0 Nada, nada sin poder parar, la tela se empapa, flota a su lado, lo persigue.\u00a0 La luz de la luna es su gu\u00eda, necesita encontrar ese rasgo de Mar\u00eda que no ha pintado.\u00a0 Mar\u00eda vive en el mar, Ru\u00edz se lo dijo, tiene que estar ah\u00ed en la negra profundidad de las aguas.\u00a0 Tiene que encontrarla.\u00a0 Ru\u00edz tambi\u00e9n quiere encontrar a Oscar.\u00a0 Lo busca por todas partes para reclamarle el retrato.\u00a0 Pregunta por \u00e9l a todo el pueblo, a los marinos, a las autoridades.\u00a0 Nadie lo ha visto. Desde el amanecer recorre las playas.\u00a0 Es casi de noche.\u00a0 El cansancio lo domina.\u00a0 Con la mirada perdida ya s\u00f3lo observa con insistencia el oleaje.\u00a0 En cada ola siente la presencia de Mar\u00eda, hasta que, frente a sus ojos, el mar escupe un lienzo con la imagen de un cuerpo de mujer desfigurado.\u00a0<\/p>\n<\/div><\/div>\n\n\n\n<div style=\"height:20px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-gallery aligncenter columns-2 is-cropped wp-block-gallery-1 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex\"><ul class=\"blocks-gallery-grid\"><li class=\"blocks-gallery-item\"><figure><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"317\" height=\"480\" src=\"http:\/\/andreamontiel.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/maliciac.jpg\" alt=\"\" data-id=\"612\" data-full-url=\"http:\/\/andreamontiel.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/maliciac.jpg\" data-link=\"http:\/\/andreamontiel.mx\/?attachment_id=612\" class=\"wp-image-612\" srcset=\"https:\/\/andreamontiel.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/maliciac.jpg 317w, https:\/\/andreamontiel.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/maliciac-198x300.jpg 198w\" sizes=\"(max-width: 317px) 100vw, 317px\" \/><\/figure><\/li><li class=\"blocks-gallery-item\"><figure><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"318\" height=\"480\" src=\"http:\/\/andreamontiel.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/maliciap.jpg\" alt=\"\" data-id=\"613\" data-full-url=\"http:\/\/andreamontiel.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/maliciap.jpg\" data-link=\"http:\/\/andreamontiel.mx\/?attachment_id=613\" class=\"wp-image-613\" srcset=\"https:\/\/andreamontiel.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/maliciap.jpg 318w, https:\/\/andreamontiel.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/maliciap-199x300.jpg 199w\" sizes=\"(max-width: 318px) 100vw, 318px\" \/><\/figure><\/li><\/ul><\/figure>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>PR\u00d3LOGO En infinidad de ocasiones he expresado que un libro, como los toreros, no requiere m\u00e1s que de la soledad de la creaci\u00f3n, o del ruedo, por lo tanto, las palabras previas son prescindibles; sin embargo, en este caso, hay factores que determinan el gusto al escribir estas l\u00edneas, ya que es el pre\u00e1mbulo para [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":613,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[31],"tags":[50,54,53,48,46,51,49,52,47],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/andreamontiel.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/611"}],"collection":[{"href":"https:\/\/andreamontiel.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/andreamontiel.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/andreamontiel.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/andreamontiel.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=611"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/andreamontiel.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/611\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":618,"href":"https:\/\/andreamontiel.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/611\/revisions\/618"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/andreamontiel.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/613"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/andreamontiel.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=611"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/andreamontiel.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=611"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/andreamontiel.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=611"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}