{"id":628,"date":"2021-04-30T18:33:51","date_gmt":"2021-04-30T18:33:51","guid":{"rendered":"http:\/\/andreamontiel.mx\/?p=628"},"modified":"2021-11-11T17:54:35","modified_gmt":"2021-11-11T17:54:35","slug":"628","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/andreamontiel.mx\/?p=628","title":{"rendered":"El Fot\u00f3grafo"},"content":{"rendered":"\n<div class=\"wp-block-group\"><div class=\"wp-block-group__inner-container is-layout-flow wp-block-group-is-layout-flow\">\n<p class=\"has-text-align-center\">Cuento que obtuvo una Menci\u00f3n Honor\u00edfica en el<br>Concurso Nacional de cuento \u201cProf. Severiano Ocegueda da Pe\u00f1a\u201d 1998<br>convocado por la Fundaci\u00f3n Alica de Nayarit, A.C.<br>Tepic, Nayarit, 8 de octubre de 1998.<\/p>\n<\/div><\/div>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-group has-background\" style=\"background-color:#ddd2ba\"><div class=\"wp-block-group__inner-container is-layout-flow wp-block-group-is-layout-flow\">\n<p><strong><br><\/strong>Lo admiras desde antes de conocerlo. La cr\u00edtica lo tiene clasificado como uno de los creadores m\u00e1s importantes de muchas d\u00e9cadas.&nbsp; No puedes perder esta oportunidad para entrevistarlo.&nbsp; Te recibe enseguida.&nbsp; Al abrirse el port\u00f3n de la casa, tienes que sufrir la arrogante revisi\u00f3n visual de su esposa In\u00e9s G\u00fcnter, quien atiende cualquier visita antes de hacerla pasar con el maestro. De esta alemana tal vez de 65 o 70&nbsp; a\u00f1os te molesta, adem\u00e1s de su enjuiciadora e incisiva mirada, la nariz aguile\u00f1a y su alta y flaca silueta.&nbsp; Es muy distinta de las mujeres fotografiadas por el maestro. Su piel exageradamente p\u00e1lida te hace sentir a\u00fan m\u00e1s el fr\u00edo de la estancia a la cual te pasa mientras llega Don Fernando Britz,<em> el ojo arcano,<\/em> como lo llaman todos en la facultad.<br><br>La se\u00f1ora G\u00fcnter te ofrece una silla de piel, de esas tipo r\u00fasticas que se miran preciosas pero son muy inc\u00f3modas cuando uno se sienta. Te observa hasta que te acomodas y se retira por la escalera volada de la inmensa estancia donde te quedas sola varios minutos.&nbsp;&nbsp; La silla va de acuerdo con la decoraci\u00f3n de la vieja casona que adem\u00e1s es h\u00fameda y oscura.&nbsp;&nbsp; Incluso en algunas paredes se trasmina el salitre y se dibujan unas manchas mohosas en las partes donde los muros hacen esquina.&nbsp; Es natural, la construcci\u00f3n est\u00e1 totalmente rodeada por un jard\u00edn lleno de vegetaci\u00f3n y \u00e1rboles muy altos, seguramente sembrados hace muchos a\u00f1os.&nbsp;&nbsp; A lo largo de la escalera por donde sube la se\u00f1ora G\u00fcnter hay macetas con cactus, palmas, aralias y otras plantas que te sorprenden:&nbsp; \u00a1c\u00f3mo es que sobreviven tan frondosas y bellas en este fr\u00edo y oscuridad!<br><br>La estancia es inmensa. Techos alt\u00edsimos. Hay tanto aire que te sientes como si estuvieras a la intemperie en un interior.&nbsp; El sonido que emiten tus movimientos, incluso los de tu ropa, resuenan en las paredes como eco que lo agranda todo.&nbsp; Te da la impresi\u00f3n de estar siendo observada por cada muro de la casa.&nbsp;&nbsp; Ahora pones las cosas sobre la mesa que tienes enfrente y colocas un cassette en tu grabadora. &#8211; S\u00f3lo 45 minutos jovencita, no m\u00e1s porque el maestro no se ha sentido bien en los \u00faltimos d\u00edas &#8211; te advierte la se\u00f1ora G\u00fcnter.&nbsp; Buscas un enchufe.&nbsp;&nbsp; Preparas todo.&nbsp; Tienes que escribir el texto m\u00e1s bello del personaje de portada de la revista de marzo.&nbsp; Don Fernando Britz va a aparecer de cuerpo entero en la primera p\u00e1gina y tu nombre con el t\u00edtulo de tu reportaje justamente a su lado.&nbsp; Tus manos sudan, tu coraz\u00f3n late, la emoci\u00f3n te invade como si ya tuvieras el ejemplar publicado entre las manos.&nbsp; De repente escuchas unos pasos leves, imperceptibles, muy pausados, son los de un hombre por quien el tiempo ha transcurrido ocho d\u00e9cadas o m\u00e1s.&nbsp; A media escalera Don Fernando se detiene, deja de mirar el escal\u00f3n siguiente y voltea hacia ti. Te sonr\u00ede. Tu emoci\u00f3n crece. Las palpitaciones de tu coraz\u00f3n se aceleran cada vez que el maestro da un paso y otro paso y otro m\u00e1s.<br>&#8211; Buenas tardes se\u00f1orita.<br>&#8211; Buenas tardes Don Fernando.&nbsp;<br>&#8211; Qu\u00edteme el <em>Don<\/em>.&nbsp; No me gusta.<br>&#8211; Perd\u00f3n se\u00f1or Fernando.<br>&#8211; El <em>se\u00f1or<\/em> tampoco me gusta, s\u00f3lo Fernando.<br>&#8211; Como usted sabe Fernando, vengo de la revista <em>Bordes<\/em>&nbsp; para una entrevista.<br>&#8211; S\u00ed, ya lo s\u00e9, me avisaron.&nbsp; Y \u00bfqu\u00e9 quiere saber se\u00f1orita periodista?<br>&#8211; Me gustar\u00eda preguntarle \u00bfc\u00f3mo empez\u00f3 su inquietud por la fotograf\u00eda y por&#8230;<br>&#8211; Y usted se\u00f1orita, \u00bfc\u00f3mo se llama?<br>&#8211; Dora, Dora Montes.<br>&nbsp; &#8211; A ver Dorita y usted \u00bfc\u00f3mo empez\u00f3 a ser la que es ahora?<br>&#8211; No, no lo recuerdo.<br>&#8211; Yo tampoco.&nbsp; Si se fija, todo comienza sin que uno se de cuenta, jugando, as\u00ed nada m\u00e1s, como los ni\u00f1os. La voy a invitar a mi estudio, aqu\u00ed no me gusta porque mi mujer siempre me esp\u00eda.<br><br>Como ni\u00f1o travieso y secrete\u00e1ndote al o\u00eddo te conduce a su estudio.&nbsp; R\u00e1pidamente recoges la grabadora, cables, el bolso, tu saco, los papeles.&nbsp; Tras \u00e9l cruzas la estancia que da al patio.&nbsp;&nbsp; Don Fernando abre el zagu\u00e1n, atraviesan la calle y en el numero 47 frente a su casa, aparece su estudio.&nbsp;&nbsp;<br>&#8211; Pase usted, Dora.<br>&#8211; Gracias.<br>&#8211; Este es el rinc\u00f3n de mi libertad, el sitio donde puedo vivir lo que ya no es posible vivir y m\u00e1s.&nbsp;&nbsp; Es donde me aconseja la soledad, la mejor de las amigas.<br><br>Con dificultad abre el cerrojo de la puerta de hierro azul.&nbsp; La mano le tiembla.&nbsp; No te explicas c\u00f3mo puede sacar sus fotos con esa temblorina.&nbsp; Y los lentes deben tener una graduaci\u00f3n considerable, aun as\u00ed la incre\u00edble nitidez que logra en todos sus trabajos.&nbsp; Al fin abre la puerta y caminas a su lado por un corredor hasta llegar a una peque\u00f1a sala.<br>-\u00bfQu\u00e9 le parece?&nbsp;<br><br>Don Fernando te mira con atenci\u00f3n, espera la respuesta exacta. T\u00fa est\u00e1s aturdida en medio de un lugar que nunca imaginaste conocer, y mucho menos invitada por el maestro.&nbsp; Los chavos de la facultad te envidiar\u00edan a m\u00e1s no poder.&nbsp; Al igual que su casa, el ambiente es helado pero al mismo tiempo c\u00e1lido, lleno de objetos, libros, muebles antiguos, cuadros, estantes repletos de maletines, c\u00e1maras, lentes, tripi\u00e9s y l\u00e1mparas, muchas l\u00e1mparas.&nbsp; Despu\u00e9s de mirarlo todo te sientas en uno de los sillones cubiertos con zarapes muy bien confeccionados. Pones tus cosas sobre la mesa y tratas de recomenzar la entrevista.<br>&#8211; Fernando -, te cuesta mucho trabajo quitarle el <em>Don,<\/em> pero lo intentas\u201a &#8211; \u00bfc\u00f3mo es que se decidi\u00f3 por la c\u00e1mara y la fotograf\u00eda?<br>&#8211; El hombre nunca dejar de jugar.&nbsp; Y para eso se necesitan juguetes.&nbsp;&nbsp; Mis c\u00e1maras no han sido otra cosa que mis juguetes adultos, con ellas he seguido divirti\u00e9ndome como un ni\u00f1o que a mis a\u00f1os los adultos no podr\u00edan criticar.&nbsp;&nbsp; Las c\u00e1maras para ellos son cosa seria.&nbsp;&nbsp; \u00bfY usted con qu\u00e9 juega Dorita?<br><br>Cuando el maestro termina de pronunciar tu nombre, te clava la mirada.&nbsp; A trav\u00e9s de sus profundos lentes de aumento, sus ojos viajan por tu rostro, tu cuello.&nbsp;&nbsp; Se detienen en tu cabellera que te cubre los senos.&nbsp; La mira recorri\u00e9ndola como una cascada de agua que lame las rocas hasta caer en el abismo.&nbsp; Te sientes nerviosa.&nbsp; Con brusquedad cambias de postura, arrojas el cabello tras de tus hombros y prosigues.<br>&#8211; En su trayectoria art\u00edstica \u00bfqu\u00e9 pa\u00edses piensa usted que&#8230; &#8211; Ni siquiera permite que termines.&nbsp;&nbsp; Se pone en pie y te interrumpe:<br>&#8211; Qu\u00e9 rostro tan interesante.&nbsp; \u00bfMe permitir\u00eda tomarle una foto?<br><br>\u00a1Dora Montes fotografiada por uno de los magos de la luz m\u00e1s famosos del mundo, esto no es cierto, has de estar so\u00f1ando!&nbsp;&nbsp; Te convence.&nbsp;&nbsp; Busca su c\u00e1mara, salen al patio, escogen un rinc\u00f3n donde te pide posarle d\u00e1ndote \u00f3rdenes de c\u00f3mo mover el cuerpo, la cara, los ojos, las manos. Comienza a sacar varias fotograf\u00edas. Por momentos y delicadamente, coloca tu cabello hacia un lado o el otro.<br>&#8211; As\u00ed Dorita, no se mueva.&nbsp; Ahora mire en direcci\u00f3n a la lente.&nbsp; Baje los ojos. Alce la cabeza, g\u00edrela.<br><br>\u00bfCu\u00e1ntas fotos toma?&nbsp; Muchas.&nbsp; Te sientes dichosa.&nbsp; De nuevo vuelven a la salita. Te cuenta que le gusta coleccionar grabados. Te muestra originales de Rembrandt, varios trabajos de artistas japoneses y una caja aparentemente arrumbada por ah\u00ed con dibujos de Durero. Conversan largo rato sobre la m\u00fasica, y tras confesarse mutuamente los&nbsp; compositores favoritos, suben al segundo piso de su guarida. Todo un equipo de sonido enmarca el concierto \u00bfn\u00famero?, \u00bfde viol\u00edn?, \u00bfde piano? Qu\u00e9 importa. Ni siquiera lo distingues.&nbsp; \u00a1Pensar que llegaste para una entrevista de 45 minutos y han pasado m\u00e1s de 3 horas!<br>&#8211; Dorita, no se mueva, se ve usted preciosa,&nbsp; le voy a sacar otra foto.<br><br>Con la agilidad de un adolescente se arrodilla para tomar un \u00e1ngulo.&nbsp; Se pone en pie para tomar otro.&nbsp; Se aleja de ti, se acerca. Te pide que te levantes la falda para ver tus piernas. Toma m\u00e1s fotograf\u00edas, muchas m\u00e1s hasta acabarse el rollo. Sus mejillas est\u00e1n encendidas y su rostro transformado.<br>&#8211; Dorita pose usted desnuda para m\u00ed.<br>&#8211; \u00a1Don Fernando!<br>&#8211; Por favor, se lo ruego, es usted bell\u00edsima.&nbsp; Mis fotograf\u00edas son profesionales, mis desnudos art\u00edsticos.<br>&#8211; Don Fernando, aqu\u00ed hace mucho fr\u00edo, adem\u00e1s no me siento capaz de eso.<br>&#8211; Le pongo unos calentadores con los que no va usted a sentir ning\u00fan fr\u00edo, por favor Dorita, por favor.<br>&#8211; Otro d\u00eda, hoy no puedo, ya se me hizo muy tarde. Le agradezco mucho su tiempo.&nbsp; Me tengo que ir.&nbsp; En cuanto est\u00e9 publicado mi reportaje se lo traigo.<br><br>Las escaleras te parecen m\u00e1s inclinadas de lo que est\u00e1n.&nbsp; Quieres bajarlas volando pero es imposible.&nbsp; Tiemblas, no sabes si lo que sientes es miedo, verg\u00fcenza o atracci\u00f3n.&nbsp;&nbsp; Llegas a la parte de abajo, cruzas el patio y a zancadas gigantescas arribas antes que Don Fernando a la puerta de la salita. Entras\u201a recoges tus cosas y te paras frente a la puerta que da a la calle.&nbsp;&nbsp; Te despides.&nbsp; De inmediato subes al auto.&nbsp;&nbsp; El maestro sigue despidi\u00e9ndose de ti agitando una de sus manos.&nbsp; En cuanto enciendes el motor alcanzas a escuchar su voz dici\u00e9ndote:<br>&#8211; Dorita, h\u00e1bleme la semana entrante, voy a conseguir los calentadores para que no pase fr\u00edos.<br>&#8211; \u00bfPosar desnuda?, estar\u00e1s\u201a loca. Adem\u00e1s est\u00e1s gorda,&nbsp; \u00a1qu\u00e9 verg\u00fcenza!<br><br>Pasan varias semanas desde aquel d\u00eda. No puedes escribir una sola palabra.&nbsp; Est\u00e1s como hipnotizada reviviendo escena tras escena y cada vez experimentas m\u00e1s placer.&nbsp; El tiempo se te echa encima y tienes que entregar el reportaje a la revista. Tu texto es el \u00fanico que falta para la impresi\u00f3n.&nbsp;&nbsp; Te sientes angustiada.&nbsp; No sabes qu\u00e9 hacer.&nbsp;&nbsp; Pasan m\u00e1s d\u00edas, muchos m\u00e1s hasta que decides visitar a al maestro.&nbsp; Reconoces que sus fotos son art\u00edsticas. Que podr\u00edas aparecer en sus exposiciones y sus libros.&nbsp; Lo llamas por tel\u00e9fono. Le pides una cita.&nbsp; Te sorprendes porque te reconoce de inmediato y te pide que vayas el pr\u00f3ximo mi\u00e9rcoles al mediod\u00eda.&nbsp; Puntual llegas a su estudio.<br>&#8211; \u00bfPorqu\u00e9 tard\u00f3 tanto en llamar Dorita?<br>&#8211; El trabajo, la universidad, las materias, los ex\u00e1menes, usted sabe.<br><br>Desde que te recibe notas algo extra\u00f1o en su mirada. Ser\u00e1 que trae lentes distintos o t\u00fa est\u00e1s muy nerviosa por las fotos. Pasan a la salita.&nbsp; Don Fernando se dirige a los estantes donde se encuentran sus c\u00e1maras.<br>&#8211; Esta es una de mis polaroid, \u00bflas conoce?,&nbsp; de las que revelan de inmediato.<br>&#8211; Nunca he visto trabajos suyos en polaroid maestro, las fotos que sacan son de tipo comercial \u00bfno?<br>&#8211; Ahora todo es comercial ni\u00f1a, cualquiera le pone el dedo al disparador de una c\u00e1mara, obtiene una foto y se hace llamar fot\u00f3grafo.&nbsp;&nbsp; Si\u00e9ntese ah\u00ed, en el sill\u00f3n.<br>&#8211; \u00bfY los calentadores?<br>&#8211; Olv\u00eddese de los calentadores ni\u00f1a y haga lo que le digo.<br><br>Sin replicar te sientas en el sill\u00f3n. Don Fernando se acerca, te lev\u00e1ntala falda, te descubre las piernas. Enseguida se aleja como si al tocar tu cuerpo recibiera una descarga.<br>&#8211; S\u00fabase usted la falda un poco m\u00e1s, mas, no le d\u00e9 pena. Ahora qu\u00edtese la pantaleta.&nbsp; Abra las piernas s\u00ed, as\u00ed.&nbsp;&nbsp; Ponga su manita en el sexo.<br><br>No comprendes qu\u00e9 pasa. Est\u00e1s como pose\u00edda y haces exactamente todo lo que el maestro te ordena.&nbsp;&nbsp; Quieres reaccionar de otra manera pero no puedes.&nbsp;&nbsp; La cabellera te cubre la cara y te impide ver lo que sucede.&nbsp;&nbsp; S\u00f3lo escuchas el &#8220;clic&#8221; del disparador de la polaroid, luego el deslizamiento de la pel\u00edcula, despu\u00e9s la mano del maestro arrancando la foto y t\u00fa tratando de adivinar su mirada sobre tu rid\u00edcula postura.&nbsp;<br>&#8211; Ahora de espaldas Dorita, arrod\u00edllese sobre el sill\u00f3n y mu\u00e9streme sus nalgas.&nbsp; Ag\u00e1chese m\u00e1s, as\u00ed, as\u00ed muy bien ni\u00f1a.<br><br>Los sonidos siguen saliendo de la c\u00e1mara, sientes que cada clic te rompe los t\u00edmpanos.&nbsp;&nbsp; Tu cuerpo se moja con un abundante y molesto sudor.&nbsp; Temes la llegada de su flaca esposa e involuntariamente te reincorporas como resorte, te bajas la falda, te pones la pantaleta y tus ojos se clavan en Don Fernando.<br>&#8211; Dorita, no me mire as\u00ed, los a\u00f1os pasan y uno ya no siente nada.&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hay que darse ciertas ma\u00f1as para arrancarle a la vida aunque sea los recuerdos de otros tiempos.&nbsp;&nbsp; Usted me entiende.<br><br>Las manos de Don Fernando a\u00fan despegan la pel\u00edcula polaroid de los negativos.&nbsp;&nbsp; Sus ojos observan las fotos por un momento y te las da. Su expresi\u00f3n vuelve a ser la de antes, la que conociste el d\u00eda de su entrevista.<br>&#8211; \u00bfLe gustan?<br><br>Sientes m\u00e1s fr\u00edo que en ning\u00fan momento. Guardas las fotos sin mirarlas y sin contestar nada.&nbsp; Sales de su estudio.&nbsp; Subes al auto.&nbsp; Enciendes el motor y arrancas muy despacio. Las calles te parecen desconocidas, como si nunca las hubieras transitado antes. Pasados unos minutos, en el primer sem\u00e1foro que te detiene con su luz roja, rompes las fotograf\u00edas. Al arrancar de nuevo, a trav\u00e9s de la ventanilla sueltas muy poco a poco los pedacitos de las polaroid por temor a ser descubierta como una m\u00e1s de esas personas que tiran basura en la v\u00eda p\u00fablica.<\/p>\n<\/div><\/div>\n\n\n\n<div style=\"height:20px\" aria-hidden=\"true\" class=\"wp-block-spacer\"><\/div>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\" style=\"font-size:29px\"><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-gallery aligncenter columns-1 is-cropped wp-block-gallery-1 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex\"><ul class=\"blocks-gallery-grid\"><li class=\"blocks-gallery-item\"><figure><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"800\" height=\"611\" src=\"http:\/\/andreamontiel.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/premio.jpg\" alt=\"\" data-id=\"637\" data-full-url=\"http:\/\/andreamontiel.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/premio.jpg\" data-link=\"http:\/\/andreamontiel.mx\/?attachment_id=637\" class=\"wp-image-637\" srcset=\"https:\/\/andreamontiel.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/premio.jpg 800w, https:\/\/andreamontiel.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/premio-300x229.jpg 300w, https:\/\/andreamontiel.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/premio-768x587.jpg 768w, https:\/\/andreamontiel.mx\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/premio-600x458.jpg 600w\" sizes=\"(max-width: 800px) 100vw, 800px\" \/><\/figure><\/li><\/ul><\/figure>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuento que obtuvo una Menci\u00f3n Honor\u00edfica en elConcurso Nacional de cuento \u201cProf. Severiano Ocegueda da Pe\u00f1a\u201d 1998convocado por la Fundaci\u00f3n Alica de Nayarit, A.C.Tepic, Nayarit, 8 de octubre de 1998. 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