PITA AMOR

caprichosa como la vida misma

* Lèvres urbaines,  Québec, julio 2011

Conocer a Pita Amor fue algo inolvidable.  La recuerdo cruzando la gran avenida de Reforma con su bastón y un peinado con una flor inmensa sobre la cabeza. El bastón era una especie de arma para detener a los coches y ayudarse a cruzar la calle hasta llegar de una acera a la otra. Entre paso y paso daba bastonazos, se paraba con todo el garbo, y detenía a los automóviles para pasar ella primero.  Hablaba sola y alzaba la voz gritando, !alto, alto que está pasando Pita Amor!
También la recuerdo una ocasión en algún restaurante italiano de la Zona Rosa con toda la soberbia a cuestas mientras recitaba sus poemas frente a sus acompañantes, en la mayoría caballeros. Yo estaba en otra mesa comiendo spaghetti y conversando con la familia. Pita, se atrevió a levantarse y dirigirse a nosotros callándonos porque, ante a ella, todos teníamos la obligación de escuchar la declamación exaltada de su poesía.
Después de un tiempo, tuve la oportunidad de cruzar algunas palabras con ella en el conocido bar de Coyoacán llamado “El Hábito” propiedad de las actrices y amigas Jesusa Rodríguez y Liliana Felipe, donde se representaban espectáculos imposibles de clasificar, ya que incluían desde lo más elitista hasta lo masivo y popular; de la tragedia griega al cabaret; de los indios pre-colombinos a lo operístico; del revue, sketch  y “carpa”, hasta el performance con giros críticos sobre algunos proyectos políticos mexicanos del momento. Pita era una asidua asistente al bar, y pude hablar con ella, gracias a nuestra mutua amistad con Quico, Enrique Rodríguez, el hermano de Jesusa. Nuestra poeta lo apreciaba realmente por ser de su total confianza, y un gentil acompañante que la invitaba a salir y la llevaba a su casa después de degustar una buena cena y algún vinillo.  De no ser así, habría sido imposible acercarse a Pita, pues en esa época, y hablo de los años ochentas, no le gustaba hablar con nadie, y mucho menos permitía que la tocaran.
De personalidad avasalladora y difícil, Pita era una mujer llena de versos y de frases casi célebres que le decía a medio mundo:  a Jesusa Rodríguez: ¡Eres bárbara! ¡Mejor que Chaplin!  A la actriz Patricia Reyes Espíndola mientras actuaba durante la representación de alguna obra de teatro: ¡Patricia, baja de ese escenario inmediatamente! Esta obra es para tarados, no te merece. ¡Bájate Patricia o yo voy a subir al escenario!  A los taxistas y meseros les gritaba sin consideración alguna: ¡Changos, narices de mango, enanos guatemaltecos! Incluso en el mundialmente conocido sismo de 1985, y en medio de la espantosa destrucción del Distrito Federal en México, cuando se le preguntó su opinión dijo:  ¡Qué bueno! ¡Es una poda de nacos!  Esta era Pita Amor, “de armas tomar”, tanto, que algunos la apodaban:  ”la abuelita de Batman”.
Y cuando a Quico le daba por preguntar:  – ¿y tú, qué edad tienes? Pita a gritos le contestaba:  !Grosero, preguntar eso a una dama, tengo 1984, más la Grecia que me quito!…  – ¿Tienes algún doctorado? – ¡Qué doctorado ni que nada!  yo soy la Universidad, tú tienes tiempo de cultivarte, los artistas no tenemos tiempo de cultivarnos, ¡los artistas somos la cultura!
Cuando la invitaba a comer al Restaurante Prendes, no dudaba un segundo en golpear a los meseros para que se quitaran de enfrente y la dejaran pasar: ¡no soporto a los meseros chaparros y calvos! Y el pan era convertido en migajas que quedaban derramadas a su alredor y regadas sobre el suelo.  Todo el mundo sabía entonces: “aquí comió Pita Amor”.
Según me contó Quico, durante los años ochentas, Pita vivía en la calle de Bucareli, en un bello edificio del siglo XIX. La construcción estaba semidestruida y no servía el elevador. Su pequeño departamento estaba en la azotea, y para llegar, era necesario ascender un buen trecho de escaleras en forma de caracol. Al subir y bajar aquellas escalinatas, Pita siempre decía: !cállate y agárrate del barandal, así debe ser, subir y no hablar, nunca se debe parlotear cuando subes o bajas por un barandal!  Y claro, la costumbre de no abrir la boca al toparse con unas escaleras, se le quedó bien grabada a Quico, así como el recuerdo de Pita quien, cada vez que bajaba la escalera y llegaba al descanso, se detenía para recitar un poema. Decía sus versos por todas partes, y todo el tiempo se los regalaba al aire… Y a propósito de esta anécdota de escaleras recuerdo el poema escrito por Jesusa y Liliana:

EN EL ABISMO DE PITA AMOR 

En el abismo donde habitan mudos
tu voz, tu voz, tu voz, tu voz, tu voz,
tu inteligencia cruel desata el nudo
tu corazón brutal, tus ojos dos. 

En el abismo de las escaleras
anda, andar, andar y qué más da,
si tu zapato es fiel y tus ojeras
mejor soñar, mejor no averiguar.

Un escalón, otro escalón
y en el descanso algún soneto, 
llega discreto, llega y se va. 

Dos mil sonetos, novecientas liras,
en el abismo de versificar,
hasta el espejo que en silencio mira,
diría tus versos si pudiera hablar.

La superficie de mercurio inmemorial,
remedo de objetos, sabe secretos que no dirá. 

En el abismo de tantas mentiras,
decir verdades suena demencial:
"Menesterosos, jueces adiposos, locos ambiciosos, 
amantes miedosos, poetas banales, vicios ancestrales, 
pecados veniales, engaños enormes y municipales". 

En tus abismos de versos de liras
en tu apellido Amor, en ti poesía,
tres mil sonetos, mil quinientas liras,
necesitamos Pita todavía. 

Aquel pequeño departamento de Pita estaba cubierto por capas de polvo interminables, tal vez eran los recuerdos y momentos de intensidad vividos durante toda su vida.  Esa infinidad de partículas seguramente fueron a las que, muchos años antes en el año 1949, elogió en su libro Polvo al decirnos:

Me siento naufragando,
la marea de polvo me ha invadido.
Si me estaba quemando,
hoy he reconocido
que no ser es mi auténtico sentido.

Polvo, tú eres la meta
y el cenizo trayecto de las cosas.
Todo en ti se concreta,
y eternamente acosas
los tálamos las cunas y las fosas.

¿Cómo definir, describir, dibujar, decir a Pita Amor, a aquella mujer extraña y controversial que desnudó su cuerpo y su alma para verterla sobre las páginas de sus libros; a aquella mujer bella, mujer escándalo, privilegiada y caprichosa como la vida misma; mujer tan enamorada de su persona que no pudo amar a otro; Pita “la reina de la noche”; Pita su propia casa habitando un mundo que le fue ajeno; Pita quien con delirio le cantó a Dios, a la muerte, a la locura, a la angustia, a lo oscuro, a la nada? Cómo definirla sino con sus propias palabras, con los versos que supieron describirla sin titubeos en su poema:

Letanía de mis defectos 

Soy vanidosa, déspota, blasfema; 
soberbia, altiva, ingrata, desdeñosa; 
pero conservo aún la tez de rosa. 
La lumbre del infierno a mí me quema. 
Es de cristal cortado mi sistema. 
Soy ególatra, fría, tumultuosa. 
Me quiebro como frágil mariposa. 
Yo misma he construido mi anatema. 
Soy perversa, malvada, vengativa. 
Es prestada mi sangre y fugitiva. 
Mis pensamientos son muy taciturnos. 
Mis sueños de pecado son nocturnos. 
Soy histérica, loca, desquiciada; 
pero a la eternidad ya sentenciada. 
 

Esta era…   esta es la poeta mexicana:  Pita Amor

Andrea Montiel

(Texto para la revista quebequense Lèvres urbaines,

dirigida por Claude Beausoleil, dedicada a la poeta mexicana

y traducido al  francés para su publicación en Québec, julio 2011)